Historia(s)

Todo comenzó mucho antes, pero si tuviéramos que poner una fecha en el calendario para dar inicio a esta historia, sería la cena de nochevieja de 2012 cuando un amigo nos comentó un proyecto que estaba gestándose en Lavapiés: el viejo mercado de San Fernando, al que todos alguna vez habíamos acudido como vecinos y amantes de los mercados y que habíamos comprobado como se apagaba sin remedio, se estaba revitalizando. Muchos colectivos del barrio estaban sumándose a esta iniciativa con la idea de hacer resurgir el mercado y acercarlo de nuevo a la gente del entorno. Nos pareció una idea genial. Llevábamos años pasando de un trabajo a otro de forma temporal y precaria, sin contratos laborables decentes, por lo que montárnoslo nosotros era una idea que estaba latente desde hacía tiempo, pero había que pensárselo.

Y eso fue lo que hicimos. Tal vez demasiado, pues en el momento en que nos decidimos todos los puestos estaban reservados para alguna actividad y no pudimos más que ser incluidos en la lista de espera. Un par de semanas después recibimos la llamada del Mercado: alguien se había dado de baja y había la posibilidad de ver un local. Esa misma semana fuimos a verlo y después de abrir su cierre y conocerlo, el no dejó de ser una opción. Aquella vieja cuchillería, que aún tenía el cartel sobre la puerta, “El ninot”, siendo un lugar destrozado por el paso del tiempo, tenía algo especial. Llevaba más de diez años sin estar abierto al público, tan sólo como almacén de otros puestos con poco espacio, y todo estaba cubierto por los años: un mueble de madera comido y destrozado por cientos de puntas y alcayatas, el suelo con el cemento picado y unas paredes con unas manchas de hollín que le daban una imagen un tanto tétrica. Aún así era fácil descubrir que aquel sitio tenía algo que lo hacía especial.

Nos sentamos en el bar a tomar una cerveza con los nervios del que tiene que tomar una decisión pero sabe que en realidad sólo tiene una opción. Empezamos a comentarlo, a darle vida a través de contárselo a la gente y en poco tiempo, dejamos de ser dos para ser muchos más. Y nos pusimos manos a la obra. Y nunca mejor dicho.

Durante los tres meses siguientes rehabilitamos el puesto con nuestras manos y las de muchos amigos y amigas que día tras día o fin de semana o cuando podían se acercaban a echarnos una mano.

El 21 de abril todo estaba listo… y arrancamos. La fiesta de inauguración fue preciosa, muy emocionante para todos nosotros, con un montón de amigos y familia que primero nos llenaron el local y después nos lo vaciaron con todo lo que se llevaron, y desde ese momento estamos abiertos mañana y tarde para todo aquel que nos necesite.

Fuimos más y fuimos menos, pero en estos momentos somos cuatro: Iago, Estrella, Cristina y José Luis, los que por unas cosas u otras creímos más en este proyecto, eso sí, sin olvidarnos de todos los que desinteresadamente nos han ayudado desde el inicio. No nos podemos olvidar de Soraya y Luis, por todo, ni de Rosana, por posar y lijar tan bien, ni de David, por aquel soplo en la noche de fin de año, ni de Carlos, por todos sus ayudas técnicas, a Javi, Virginia, Abdullai…

A los demás, a partir de ahora, os esperamos aquí.

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